La Masacre en Mérida / Venezuela


Me lo pasaron y tal como lo recibí lo comparto, para que el mundo tenga una idea de la insania criminal del régimen chavista contra su propio pueblo indefenso el día de la constituyente madurista.
La barbarie roja contra un pueblito “insignificante” llamado TOVAR
30/07/2017 – GVR
Temprano en la mañana comencé a recibir mensajes y llamadas, recordatorio de “activarse” para protestar contra el llamado de la tiranía roja a la ANC, con lo que terminará de destruir lo poco que queda de libertad, someternos a un gobierno estilo cubano y la africanización en Venezuela. Salí para el sitio de reunión acordado con vecinos cercanos y lejanos. Unos estaban una cuadra más arriba de nosotros protegiendo por si venían a reprimir desde la zona alta, mientras otros estábamos pendiente por si llegaban subiendo desde el hospital. Como cada día, vi rostros cuyos nombres desconozco pero cuya sonrisa de esperanza me ha saludado estas últimas semanas. Mujeres, hombres, pero sobre todo muchachos cuya edad estimo no llega a la veintena de años, soñadores de calle cuya única arma para enfrentar a la guardia pretoriana roja es la determinación de ser libres, y piedras que, durante siglos, han sido redondeadas y hasta pulidas por ríos y vientos que recorren esta tierra de gracia para la siembra, hoy teñida de rojo con sangre de gente humilde, a mano de la llamada “revolución” Chavista-Madurista.
Habrían pasado unos 10 minutos de estar concentrados, pacíficamente, allí cuando escuchamos la voz de alarma: vienen desde arriba. Los esbirros rojos, muchas motocicletas con uniformados, una camioneta roja, otra blanca, ambas con vidrios oscuros. Nos percatamos que les enviaron no a reprimir sino a matar. Apenas vieron a los congregados comenzaron a disparar fusiles, pistolas automáticas y gases lacrimógenos. Me resguardaba en una esquina, cerca de un puesto de comida rápida, para filmar y documentar la barbarie cotidiana que viola DDHH, con la impunidad de saber que cuentan con el visto bueno de sus amos en el narco-gobierno. No me había percatado que estaban más cerca de lo que yo creía cuando una señora me gritó “corra profesor”, y en pocos segundos ya me había resguardado en su casa, junto a un joven y un niño que no se rendía en su intento por mirar por la ventana. Dios bendiga a esa familia que, mientras viva, serán mi familia y cuyos rostros para mí siempre serán los de los ángeles que nos guardan de quedar tendidos en el camino. Allí quedamos durante eternos minutos, en la mudez total, con esa hermosa familia, apertrechados detrás de un sofá que, colocado verticalmente, trataba de proteger de la balacera que estaba ocurriendo afuera.
No obstante sentir la piel electrizada me asomé por un espacio de la ventana y entonces pude ver…entre 5 y 6 uniformados con trajes de camuflaje que disparaban pistolas 9mm sin parar, y lo que parecían fusiles de largo alcance, de esos cuyas balas atraviesan un chaleco anti balas. Más tarde recogeríamos casquillos de armas largas y cortas, todas de uso letal, usadas por aquellas piltrafas uniformadas contra gente desarmada que protestaba en su vecindario.
Yo trataba de filmar pero uno de los esbirros apuntaba en dirección a las ventanas y temía que si me veía o movía la cortina dispararía. Las detonaciones eran ensordecedoras, una escena de guerra civil, que me recordó lo que había visto en El Cairo, Egipto, durante la masacre que el gobierno de turno hizo en Plaza Tahrir en 2013 desde helicópteros y con apoyo en tierra. Esta vez, en la urbanización de Los Educadores, en el sector El Llano, Tovar, Estado Mérida, volví a ser testigo de una de esas escenas en las que te das cuenta que las almas degradadas llegan a ser peor que animales depredadores que, en su favor, pueden ser justificados pues viven por instinto.
Desde donde estaba no podía ver hacia donde iban sus ráfagas, pero yo lo sabía, era hacia mis vecinos, aquellos rostros de nombre desconocido. Entonces vi que uno de los uniformados avanzaba con su pistola en mano, luego supe que iba a rematar a un muchacho que había recibido un balazo en la pierna y estaba en el piso. Repentinamente el uniformado se desplomó, aun no sé si muerto en el acto o herido, pero eso le detuvo de dar el tiro de ‘gracia”. No estoy seguro pero, al parecer, uno de sus propios compañeros de armas fue quien le disparó; en todo caso, eso le salvó la vida a un muchacho indefenso y herido en el piso. Escuché cuando que uno de ellos les dijo a los otros “este esta chulo” para referirse a su compinche caído. Argot de malandraje que, uniformado, no siente estima ni por quienes les acompañan en estos exterminios genocidas que se han vuelto virales en la región andina y occidental de Venezuela.
Los esbirros comenzaron a mirar las casas y, un “patriota cooperante” (sapo), les decía dónde estaban quienes nos habíamos ocultado. Dentro de la diminuta casa en que nos habían resguardado, conteníamos hasta la respiración, si nos veían o escuchaban…
Al cabo de aquellos eternos minutos los uniformados se fueron, entonces salimos; como quien hubiese estado en una cueva durante días. Bendita cueva, benditas almas, bendita familia.
Recogimos los casquillos de lo disparado y averiguamos las bajas, por lo menos 9 heridos. Mi teléfono repicó, “profesor, tenemos un herido grave”, era uno de mis amigos, un hijo, un joven de nombre desconocido cuyo rostro había sonreído junto al mío y llamado “profesor” y “señor José” a ese desconocido que trataba de mantener la cordura entre una juventud que, como he entendido, todo lo que requiere es una voz de afecto y comedida firmeza. Les dije donde llevarle, pero…unos minutos después supimos, Luis Miguel, el joven de rostro serio que sabía sonreír, había fallecido. Las balas de los esbirros enviados por el narco gobierno rojo cortaban otra vida del jardín Merideño.
Cuando supe estaba tratando, junto a otro vecino, de llegar al sitio donde estaba el representante del foro penal para entregarle las evidencias recogidas de la balacera desatada con armas de guerra contra civiles desarmados. No sé si fue por tener que caminar por aquel terreno, en el que una vaca protegía celosamente a su becerro, o por tener que saltar aquella oxidada cerca, olvidando por momentos una adolorida pierna, que no hubo pausas.
Una vez entregadas aquellas evidencias y agradecer por el agua que calmaba nuestra sed, se hizo una pausa…no podíamos seguir sin llorar a Luis Miguel, mientras recordábamos a los más de cien que, como el, han sido asesinados por haberse atrevido a soñar con tener una juventud en libertad para ellos y una nación libre para todos.
Tuvimos que secar las lágrimas rápidamente, fuimos a apoyar con los heridos. Fue necesario cambiar la ropa pues ya la otra era delatora para los esbirros, gracias a una, afortunadamente, minoría de cómplices que les señalan a quien matar.
Si del lado de los hoy desarmados hubiese armas, esto sería un cementerio en las calles. Unas cuantas cuadras y algunos saludos entre sonrisas y lágrimas, para finalmente entrar en aquel modesto pero límpido templo que gentilmente fue cedido por sus custodios para, esta vez sí, salvar vidas. Allí, frente a imágenes hechas a mano, estaba un pequeño ejército de otros héroes, quienes desde agua hasta primeros auxilios y estabilización, cuidaban a los heridos. Dios les bendiga y el amor dado sea correspondido sobre ellos y su descendencia.
Llevar a los heridos a un hospital sería como enviarlos a prisión militar, pues los esbirros los sacan incluso de quirófanos y los apresan. Por ello, médicos, enfermeros y ayudantes estaban curando al joven herido de pierna a quien aquel uniformado pretendía rematar. Abrace a ese joven, cuyo sustento procede de vender un “café caliente” por las calles de Tovar. Sentí que mi pequeña alma abrazaba a un gigante y mis brazos no alcanzaban, y di gracias a la vida por extender la suya mientras le bendije.
Estando allí nos avisaron que otro avión había llegado a un aeropuerto con más esbirros para reprimir a lo que la dama que cabalga la bestia llamada CNE refirió como _“dos pueblitos insignificantes”_. Se decidió evacuar medicinas y heridos a buen resguardo y que nadie, ni siquiera quien suscribe, supiera donde están por seguridad de vidas e insumos. Porque debe saberse en todo el mundo que los esbirros del narco gobierno incluso golpearon a dos voluntarios de la cruz azul y les robaron sus insumos cuando verificaban si había heridos en las calles…la “gloriosa” FANB. Me dolió el alma, pues uno de ellos me había comentado horas antes que ellos también atendían a uniformados si era necesario, pues eran “vidas humanas”.
Estamos a resguardo, nos han dicho que vienen con órdenes de allanar y matar. Mientras termino estas líneas escucho un zumbido inusual en estos parajes de sembradores y agricultores: un helicóptero. Difícil saber cuántas vidas habrían podido salvarse si ese tipo de transporte fuera utilizado para llevar tanto paciente desde el modesto hospital de Tovar, que ha requerido tratamiento de urgencia, a la ciudad de Mérida. Sin embargo, hoy es habilitado con propósitos que amenazan con minar el alma de amargura. Mi mente vuelve a rememorar aquella masacre en la que los helicópteros también sirvieron al capricho de los tiranos que, sin distingo, terminarán en el basurero de la historia; mientras un pueblo en tierra se atreve a soñar y a resistir, sabiendo que es la última línea de defensa de la libertad y la posibilidad de rescatar el honor y la decencia en nuestro país.
Mientras algunos miran las noticias en TV, otros viven en Narnia su propia vanidad y fantasía, y otros se paralizan por el miedo…aquí, en este _“pueblito insignificante”_ un grupo de jóvenes demuestran una lección que será recordado con orgullo y respeto por esta generación y la de sus hijos y nietos. Me siento honrado por el aprecio y amistad que estos verdaderos guerreros para este desconocido del camino.
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