El día / noche, que murió Barinas


Martes 23 de mayo del 2017.

Todos los días suelo levantarme muy temprano, normalmente  me despierto a las 05:00 y 5:30 de la mañana. Eso me permite apreciar los variados amaneceres del llano Barinés, cada amanecer es distinto, variado, amaneceres, alegres, brillantes, otros un poco más tristes, nublados.

Usualmente el sol en este lado del país aparece muy temprano, sin embargo, hoy, el día se resiste aparecer. El día anterior (lunes 22) fue quizás el día más triste del llano, la violencia le ganó la partida a la tranquila e indiferente Barinas.

Violencia provocada desde hace buen tiempo por la inercia y actitud demencial de un régimen criminal, burlesco e indiferente total, sin ningún asomo de humanidad. Especialista en torcer la verdad, vender una realidad sesgada, desde su desquiciada visión. Sin ideas, ni recursos, soluciones o alternativas para mitigar la grave crisis que atraviesa el país, solo atina a la represión como respuesta al comprensible y justo reclamo de su gente.

El país es una olla de presión, que día a día recibe más fuego, en estado de ebullición y que no encuentra una mínima grieta para descargar esa furia que se va generando dentro de ella.

Este pueblo está acorralado en esta crisis y en ese empecinamiento del control y de perpetuarse en el poder. Empujado a refugiarse todos los días, empujado a una dieta forzosa (la dieta burlesca de maduro) limitando sus alimentos hasta el grado de inanición y la desnutrición, empujado a la pobreza económica donde el salario se le esfuma en segundos, sin poder adquisitivo alguno, dinero que no le alcanza ni para un desayuno digno, mucho menos un almuerzo o cena alguna. Un país donde la escasez es total, donde enfermarse está prohibido.

Una población que al parecer, no ha tenido otra opción que reaccionar (causa/efecto – acción/reacción). Lo ocurrido en Barinas, como en otros estados del país, no es otro que el resultado de un despropósito criminal, un proyecto macabro y enfermizo, de un régimen delincuencial que no desea abandonar la mina de oro llamada Venezuela.

El saldo dejado ese día de violencia creo que es ampliamente conocido, una noche entregada al pillaje del brazo delictivo del régimen, los colectivos, que han causado zozobra y angustia entre los habitantes de los diferentes barrios del estado, creando una noche larga y oscura.

Volviendo a este día –martes 23 de mayo- son las 06:00 de la mañana y el ambiente sigue oscuro, muy oscuro, más oscuros que cualquier otro día normal.

Será que la oscuridad de la noche que se opone abandonar su estado, o el día que se niega aparecer como todos los días.

No sé si es solo mi percepción, pero este día amaneció de luto, frío, triste, retraído y con algunas lágrimas que el cielo ha dejado rodar.

Son las 07:00 de la mañana, sigue el día oscuro y gris, no se aprecia un alma en estas calles lúgubres, vacías, más abandonadas que en un día normal, no hay movimiento de ser vivo, ni el perro amigo dueño de esas calles se anima a romper el silencio, no veo  a ese ser que va en busca del primer café de la mañana o camino a su centro de trabajo.

El cielo sigue llorando, las horas deben seguir su camino, el día tiene que continuar…

Percepciones de un habitante anónimo cualquiera…

 

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